Imágen: Una misma planta, muchos preparados distintos: flor fresca, planta seca, infusión, tintura y cápsulas de hipérico no tienen por qué actuar del mismo modo.
Por qué un tratamiento ayuda a unos y no a otros
Es una experiencia frecuente: una persona cuenta que la valeriana le ha devuelto el sueño, mientras que a otra apenas le hace efecto o le sienta mal. Lo mismo ocurre con un extracto de hipérico, con un medicamento o con cualquier otro tratamiento. Esta diferencia no significa necesariamente que el tratamiento no funcione ni que la evidencia científica sea errónea. Entre lo que muestra un estudio y lo que vive cada persona intervienen varios factores: qué preparado se tomó exactamente, cómo lo procesa el organismo, en qué circunstancias se utilizó, qué otras sustancias se tomaban a la vez y qué se esperaba conseguir. En este artículo los repasamos uno por uno.
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Toggle1. Que algo funcione en un estudio no garantiza que funcione en cada persona
Cuando un ensayo clínico concluye que un tratamiento funciona, lo que hace es estimar su efecto en un grupo de personas y en unas condiciones determinadas. Para ello compara a quienes lo recibieron con quienes recibieron un placebo u otra opción. Ese resultado ayuda a elegir, pero no permite anticipar con certeza qué ocurrirá en cada caso: dentro del mismo grupo hay quien mejora mucho, quien mejora poco, quien no nota diferencia y quien abandona el tratamiento por efectos adversos.
La comparación con otro grupo es imprescindible. Muchas molestias mejoran con el tiempo por sí solas, y también influyen la atención recibida o la propia expectativa de mejorar. Si nos limitáramos a observar cómo estaba una persona antes y después de tomar un preparado, podríamos atribuirle una mejoría que se habría producido de todos modos.
Por eso, la evidencia científica y la experiencia personal no compiten entre sí: responden a preguntas distintas. El estudio indica qué es probable que ocurra y ayuda a elegir; la experiencia de cada persona muestra qué está ocurriendo realmente en su caso y ayuda a decidir si conviene continuar, ajustar o cambiar. Sucede como con la previsión del tiempo: puede anunciar un 70 % de probabilidad de lluvia, pero solo al mirar por la ventana sabemos si en nuestra calle está lloviendo.
Cómo interpretar el tamaño del beneficio
Un tratamiento que reduce un riesgo del 40 % al 20 % y otro que lo reduce del 2 % al 1 % lo «reducen a la mitad» por igual —es la reducción relativa—, pero el primero evita 20 casos por cada 100 personas tratadas y el segundo solo uno: esa es la diferencia absoluta, y es la que indica cuánto beneficio cabe esperar realmente.
Por eso, además de preguntar si un resultado es «estadísticamente significativo», conviene saber de qué tamaño es el efecto, con cuánta seguridad se ha medido y si las personas estudiadas se parecen a quien va a recibir el tratamiento (Cochrane).
2. La misma dosis no siempre produce la misma exposición
Dos personas pueden tomar la misma cantidad de un medicamento o de un extracto vegetal y, sin embargo, no alcanzar la misma concentración de sus componentes en la sangre ni notar los mismos efectos. Para entenderlo conviene distinguir dos procesos:
- Lo que el organismo hace con la sustancia. El cuerpo la absorbe, la distribuye, la transforma —sobre todo en el hígado— y finalmente la elimina. La rapidez de cada paso varía con la edad, el estado del hígado y de los riñones, la herencia genética, la forma del preparado y las demás sustancias que se tomen al mismo tiempo. Los especialistas llaman a este recorrido farmacocinética.
- Lo que la sustancia hace en el organismo. Aun con la misma concentración en la sangre, cada sistema nervioso puede responder con distinta intensidad. Es lo que se denomina farmacodinámica.
Un ejemplo bien documentado es la atomoxetina, un medicamento empleado en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). El organismo la elimina sobre todo gracias a una enzima del hígado llamada CYP2D6. Por razones genéticas, algunas personas tienen esta enzima poco activa: eliminan el medicamento más despacio, de modo que este se acumula, alcanza en la sangre concentraciones bastante más altas y produce con más frecuencia efectos adversos. Lo mismo puede sucederle a una persona con una enzima normal si toma a la vez otro medicamento que frena la actividad de CYP2D6: el resultado se asemeja al de quien la tiene poco activa por herencia (FDA, asociaciones farmacogenéticas; ficha técnica de atomoxetina, AEMPS).
Las plantas medicinales no escapan a este mecanismo. Sus componentes también pasan por estas enzimas, y algunos de ellos pueden acelerarlas o frenarlas; volveremos sobre ello en el apartado 4.
La genética explica solo una parte de estas diferencias y debe interpretarse junto con la historia clínica, los demás tratamientos y la respuesta observada. Una reacción inesperada no significa automáticamente que haga falta una prueba genética, y el resultado de esa prueba debe valorarse con el profesional responsable antes de modificar ninguna pauta.
3. La situación clínica y las condiciones de uso
Un mismo diagnóstico puede corresponder a situaciones muy distintas. Dos personas con depresión, por ejemplo, pueden diferir en los síntomas que predominan tristeza, insomnio, falta de energía, en otros problemas de salud que las acompañan y en los tratamientos que ya han probado. Estas diferencias influyen en qué conviene tratar y en cómo valorar después el resultado (NICE NG222).
A ello se suma la vida cotidiana. Los horarios, las comidas, el sueño, una infección reciente o una época de mucho estrés pueden modificar los síntomas, la tolerancia a un preparado o, sencillamente, nuestra manera de interpretar lo que sentimos. Ni siquiera una misma persona se encuentra siempre en las mismas condiciones. Por eso conviene prestar atención a cuatro aspectos:
- La dosis y el momento. No basta con saber qué se toma: también importa cuánto, con qué frecuencia, a qué hora y, cuando es relevante, si se toma con o sin comida.
- El tiempo necesario. Algunos efectos aparecen en pocos días; otros requieren varias semanas. Antes de empezar, conviene acordar qué cambio se espera, cuándo se valorará y qué señales justificarían consultar antes.
- La regularidad, sin juicios. Si no se ha podido seguir la pauta, la pregunta útil no es «¿por qué no la cumplió?», sino «¿qué se lo puso difícil?»: un horario complicado, alguna molestia, el precio o un simple olvido (NICE CG76).
- Un cambio cada vez. Imaginemos que alguien empieza a tomar una infusión de melisa, deja el café de la tarde y adelanta la hora de acostarse en la misma semana. Si después duerme mejor, es imposible saber cuál de los tres cambios ha sido el responsable. Por eso, siempre que sea posible, conviene introducir los cambios de uno en uno; y cuando no lo sea, anotar qué se cambió y en qué fecha, para poder revisarlo después con el profesional.
Revisar estas circunstancias no busca culpables: sirve para interpretar con más fundamento lo que está ocurriendo (NICE NG5).
4. Un preparado vegetal nunca actúa solo
Quien toma una planta medicinal rara vez toma solo eso. Es habitual combinar varias plantas en una misma mezcla o utilizar distintos preparados a la vez, por ejemplo, valeriana por la noche y un extracto de rodiola por la mañana, y no es raro que se añadan suplementos, vitaminas o algún medicamento, con o sin receta. Todos ellos coinciden en el mismo organismo y pueden influirse mutuamente.
Esa influencia puede producirse de dos maneras. En la primera, un producto modifica la cantidad de otro que llega a la sangre, o el tiempo que permanece en ella, porque acelera o frena las enzimas que se encargan de eliminarlo. En la segunda, ambos actúan en la misma dirección y sus efectos se suman: varias plantas que se emplean para calmar la inquietud o para dormir, tomadas juntas, con alcohol o con medicamentos que también producen somnolencia, pueden provocar más sedación de la deseada.
El hipérico o hierba de San Juan (Hypericum perforatum), muy utilizado para el estado de ánimo, ilustra bien ambas vías. Algunas de sus preparaciones aceleran las enzimas y los sistemas de transporte que el organismo utiliza para eliminar numerosos medicamentos. Esos medicamentos se eliminan entonces más deprisa, alcanzan concentraciones más bajas y pueden perder eficacia; la monografía europea menciona, entre otros, los anticonceptivos orales, ciertos anticoagulantes y los fármacos que se administran tras un trasplante. Y, combinado con determinados antidepresivos, el hipérico puede aumentar el riesgo de reacciones adversas graves (EMA, monografía). Una interacción puede, por tanto, debilitar un efecto necesario o intensificar otro hasta volverlo perjudicial.
Esto no significa que todo preparado de hipérico interactúe del mismo modo con cualquier medicamento: influyen su composición, la dosis y la duración del uso. Lo práctico es llevar a la consulta una lista completa de todo lo que se toma —plantas, mezclas, suplementos y medicamentos—, con el nombre del producto, la dosis y la frecuencia, o una fotografía de la etiqueta. Una descripción genérica como «tomo unas gotas naturales» no permite valorar posibles interacciones. Y, sobre todo, no conviene suspender nada por cuenta propia: interrumpir de forma brusca algunos tratamientos también entraña riesgos.
5. ¿Hablamos realmente del mismo preparado?
Dos personas que dicen haber tomado «la misma planta» pueden haber utilizado preparados de composición muy diferente. Una infusión de hojas, un polvo de planta triturada y un extracto concentrado no son automáticamente equivalentes, aunque el envase muestre el mismo nombre. Para saber qué se ha tomado realmente hacen falta varios datos:
- El nombre botánico. Un mismo nombre popular puede designar especies distintas según el país o la tradición.
- La parte de la planta. La raíz, la hoja, la flor o la semilla no contienen los mismos componentes ni en las mismas proporciones.
- El tipo de preparado. Infusión, tintura, polvo o extracto; y, en los extractos, el líquido empleado para obtenerlos —agua, alcohol u otros— y la proporción entre la planta de partida y el extracto final.
- La dosis. Quinientos miligramos de planta en polvo no equivalen a quinientos miligramos de extracto, del mismo modo que una cucharada de café molido no equivale a una cucharada de café ya preparado.
- La calidad. Que el producto contenga realmente la planta indicada, que esté libre de contaminantes y que su composición se mantenga de un lote a otro.
Las guías europeas exigen describir y controlar todos estos aspectos en los medicamentos a base de plantas (EMA, guía de calidad).
De ahí se derivan dos consecuencias. Si un ensayo estudió un extracto concreto, sus resultados avalan ese extracto, no cualquier producto elaborado con la misma planta. Pero tampoco basta con que dos preparados sean distintos en el laboratorio para concluir que actuarán de forma distinta en las personas: también eso hay que demostrarlo.
6. Mejorar un síntoma no siempre es encontrarse mejor
Un tratamiento puede cumplir uno de sus objetivos y, aun así, no compensar en conjunto. Puede, por ejemplo, ayudar a conciliar el sueño pero dejar una sensación de pesadez por la mañana, o calmar la inquietud pero restar concentración en el trabajo. Medir los síntomas es necesario; lo que finalmente cuenta, sin embargo, es cómo se vive con el resultado.
Por eso conviene fijar, antes de empezar, un objetivo concreto: dormir con menos interrupciones, mantener la atención durante una tarea, recuperar el ánimo para retomar una actividad abandonada. «Encontrarme mejor» es un deseo comprensible, pero demasiado vago para valorar después si ha habido un cambio real.
Al revisar el tratamiento, ayuda distinguir cuatro aspectos: qué se quería mejorar, qué ha mejorado, qué ha empeorado y qué sigue igual. Después queda por valorar cuánto pesa cada cambio. Una mejoría modesta puede merecer la pena si apenas supone molestias; la misma mejoría puede no compensar si interfiere en el trabajo o en las relaciones. Las preferencias personales no hacen que todas las opciones sean igual de eficaces, pero sí ayudan a escoger entre las que son razonables (NICE NG197).
7. Preguntas para preparar la consulta
Una lista breve, una cronología aproximada y los envases o fotografías de las etiquetas de todo lo que se toma suelen ser más útiles que intentar recordarlo todo durante la consulta. Estas preguntas pueden servir de guía.
¿Qué quiero conseguir?
- ¿Qué cambio concreto espero y cómo sabremos que es suficiente?
¿Qué ha ocurrido desde que empecé?
- ¿Qué ha mejorado, qué ha empeorado y qué sigue igual?
- ¿Cuándo apareció cada cambio: después de empezar, de dejar o de modificar la dosis?
- ¿Cambió algo más en esas mismas semanas, como el sueño, la alimentación, una enfermedad o una época especialmente exigente?
¿Cómo lo he tomado?
- ¿Qué dosis, a qué hora, con qué frecuencia y durante cuánto tiempo? ¿Hubo dificultades para seguir la pauta?
- Si se trata de una planta: ¿conozco la especie, la parte utilizada, el tipo de preparado y la dosis?
¿Qué más tomo?
- ¿Qué otras plantas, mezclas, suplementos o medicamentos utilizo, aunque sea solo de vez en cuando?
¿Qué información podría cambiar la decisión?
- ¿Cuál es la explicación más probable y qué otras habría que considerar?
- ¿Hace falta alguna prueba? ¿Qué resultado nos llevaría a elegir otra opción?
- ¿Cuándo volveremos a revisarlo y qué señales justifican consultar antes?
Una nota sobre las pruebas genéticas: en algunos medicamentos ayudan a prever cómo los procesará el organismo, pero explican solo una parte de las diferencias entre personas. Son útiles cuando su resultado puede cambiar una decisión concreta, y deben interpretarse siempre junto con el resto de la información clínica.
8. Hacia una medicina de la adecuación
Comprender por qué un tratamiento ayuda a una persona y a otra no exige identificar qué diferencias importan en cada caso: qué preparado se utiliza, cómo responde el organismo y en qué situación se encuentra la persona. Esa información permite elegir mejor, interpretar los cambios con más acierto y revisar el tratamiento con criterios claros.
Ahí empieza una medicina de la adecuación: una forma de decidir que une la evidencia disponible, la respuesta de cada persona y aquello que necesita mejorar en su vida.
NOTA: Este artículo tiene fines divulgativos y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. No debe utilizarse como base única para iniciar, suspender o ajustar un tratamiento. Ante una reacción intensa, inesperada o potencialmente grave, lo prioritario es buscar atención sanitaria.
Referencias
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- Schünemann, H. J., Vist, G. E., Higgins, J. P., Santesso, N., Deeks, J. J., Glasziou, P., Akl, E. A., & Guyatt, G. H. (2024). Chapter 15: Interpreting results and drawing conclusions. En Cochrane Handbook for Systematic Reviews of Interventions (versión 6.5). Cochrane. https://www.cochrane.org/authors/handbooks-and-manuals/handbook/current/chapter-15
- National Institute for Health and Care Excellence. (2021). Shared decision making (NICE guideline NG197). https://www.nice.org.uk/guidance/ng197
- S. Food and Drug Administration. (2026). Table of pharmacogenetic associations (actualización del 10 de septiembre de 2026). Consultado el 13 de octubre de 2026. https://www.fda.gov/medical-devices/precision-medicine/table-pharmacogenetic-associations
- Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. (2024). Ficha técnica: Atomoxetina cinfa 80 mg cápsulas duras EFG (revisión del texto: noviembre de 2024). Centro de Información online de Medicamentos de la AEMPS (CIMA). https://cima.aemps.es/cima/dochtml/ft/82446/FT_82446.html
- National Institute for Health and Clinical Excellence. (2009). Medicines adherence: Involving patients in decisions about prescribed medicines and supporting adherence (Clinical guideline CG76). https://www.nice.org.uk/guidance/cg76
- National Institute for Health and Care Excellence. (2015). Medicines optimisation: The safe and effective use of medicines to enable the best possible outcomes (NICE guideline NG5). https://www.nice.org.uk/guidance/ng5
- National Institute for Health and Care Excellence. (2022). Depression in adults: Treatment and management (NICE guideline NG222). https://www.nice.org.uk/guidance/ng222
- European Medicines Agency. (2022). European Union herbal monograph on Hypericum perforatum L., herba (EMA/HMPC/7695/2021, revisión 1). Committee on Herbal Medicinal Products. Monografía oficial
- European Medicines Agency. (2022). Guideline on quality of herbal medicinal products/traditional herbal medicinal products (EMA/HMPC/CHMP/CVMP/201116/2005, revisión 3). Guía oficial
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Apasionado por la naturaleza, con más de 20 años de experiencia en el estudio de las plantas medicinales y su relación con la salud mental; formado en Tecnologías Alimentarias, Fitoterapia, Biología Molecular y Biomedicina.



